Las algas en la piscina en verano suelen aparecer cuando se combinan calor, muchas horas de sol, filtración insuficiente y desajustes de pH o desinfectante. A veces el agua empieza solo un poco verdosa; otras, las paredes se vuelven resbaladizas y el fondo pierde nitidez en pocos días.
Conviene actuar en cuanto se detecta el cambio de color. El proceso se parece a revisar una piscina turbia después de una tormenta: antes de echar producto por intuición, hay que mirar el agua, el filtro y la circulación para corregir la causa real.
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Por qué salen algas en los meses de más calor
El agua caliente acelera el crecimiento de microorganismos. Si la depuradora trabaja pocas horas, el cloro libre cae demasiado o el pH queda fuera de rango, las algas encuentran el escenario perfecto. También influyen los restos orgánicos: hojas, polvo, crema solar, polen y suciedad que llega con el uso diario.
Una piscina bien preparada resiste mejor estos picos. Por eso, además de preparar una piscina para el verano, durante el verano hay que ajustar rutinas: más vigilancia, limpieza del vaso y una filtración adaptada a la temperatura y al número de bañistas.
Cuando una piscina empieza a ponerse verde, el tratamiento funciona mejor si primero se cepilla y se filtra bien; el producto por sí solo no corrige una mala circulación.
Primer paso: cepillar paredes, escaleras y línea de agua
El cepillado desprende las algas pegadas a paredes, esquinas, escaleras y juntas. Si solo se trata el agua sin mover esa película, parte del problema queda adherido y puede reaparecer en cuanto bajen los niveles de desinfectante.

Empieza por las zonas donde el agua circula peor: rincones, focos, escaleras, boquillas y línea de flotación. Después pasa limpiafondos o recoge el material en suspensión según el estado de la piscina. En casos intensos, puede hacer falta repetir el cepillado al día siguiente.
Medir pH y cloro antes de corregir
El pH condiciona la eficacia del cloro. Si está demasiado alto, el desinfectante pierde fuerza; si está demasiado bajo, puede irritar y dañar componentes. Por eso hay que medir antes de actuar y ajustar siguiendo las indicaciones del producto que use la piscina.

Una vez equilibrado el pH, se puede aplicar el tratamiento antialgas o de choque recomendado para el tipo de piscina. Respeta tiempos de espera, mantén la filtración activa y no permitas el baño hasta que los parámetros vuelvan a estar dentro de valores seguros.
Filtración: horas, lavado y revisión del sistema
La depuración debe acompañar al tratamiento. Según el sistema instalado, los tipos de depuración para piscinas requieren limpiezas, lavados o revisiones distintas, pero todos necesitan mover suficiente volumen de agua para retirar partículas muertas y restos orgánicos.

Limpia cestos de skimmer, revisa el prefiltro de la bomba y comprueba la presión del filtro. Si el manómetro sube o el caudal baja, el agua no circula como debería. Después del tratamiento, aspira el fondo con calma para retirar sedimentos y devuelve el agua a una rutina estable.
Cómo evitar que las algas vuelvan
La prevención depende de constancia, no de tratamientos fuertes cada pocas semanas. Retira hojas a diario si hay vegetación cerca, mantén la línea de agua limpia, ajusta filtración en olas de calor y comprueba pH y cloro varias veces por semana cuando la piscina tiene mucho uso.
También ayuda planificar bien el entorno. Elegir plantas cerca de la piscina reduce caída de hojas, raíces conflictivas y suciedad sobre el vaso. En piscinas compartidas, coordinar estas rutinas con el mantenimiento de jardines comunitarios en verano evita que una incidencia pequeña se convierta en agua verde durante un fin de semana de mucho uso.
Errores frecuentes al eliminar algas
- Echar producto sin medir pH ni cloro primero.
- No cepillar paredes, escaleras y zonas con poca circulación.
- Parar la depuradora demasiado pronto después del tratamiento.
- Olvidar limpiar cestos, prefiltro o filtro cuando el agua está cargada.
- Bañarse antes de que los parámetros sean seguros.
- Repetir tratamientos fuertes sin corregir la causa de fondo.
Si las algas en la piscina en verano se tratan con orden, el agua puede recuperarse sin improvisar: cepillar, medir, ajustar, filtrar y limpiar. Y cuando el agua vuelve a estar clara, la clave es mantener una rutina sencilla que no deje margen a que el verde reaparezca.